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Optografía: la última imagen antes de morir

Qué mejor para celebrar la noche de Halloween (31 de octubre) que un tema tenebroso y aterrador que guarda una relación directa con los ojos. ¿Qué pensarías si alguien te dice que en la retina de un cadáver se queda grabada la última imagen que vio en vida? Probablemente recomendarías a la otra persona que reduzca su consumo etílico. Pero antes de quedarte sin amigos déjame que te diga que esta creencia era común a finales del siglo XX y comienzos del XIX. Incluso, se intentó utilizar como ciencia forense para descubrir al asesino a partir de los ojos de la víctima: se llamaba optografía.

Doctor Fronkonstein

Gran parte de todo lo que sabemos sobre la optografía se lo debemos al fisiólogo alemán Friedrich Wilhelm Kühne. Un buen día Kühne descubrió que un pigmento de la retina, en determinadas circunstancias, podía fijarse igual que el negativo de una fotografía. Esto le animó a realizar experimentos con animales (como siempre los que salen perdiendo en estas situaciones). El más famoso fue el que realizó con unos conejos, a los que expuso durante unos minutos a un objeto con una potente luz para inmediatamente decapitarlos y diseccionar sus ojos (¿te hemos dicho que estamos en Halloween?). Tras tratar las retinas con una serie de productos químicos, descubrió asombrado que se habían quedado grabadas las últimas imágenes que habían visto los animales: unas ventanas con barrotes.

Optografía
Optografía del experimento

 

Ahora probemos con humanos

Este enorme éxito revolucionó a la sociedad, que vio en la optografía una gran aliada para desenmascarar asesinos en una época en la que Jack el Destripador estaba haciendo de las suyas. El primer y único caso de una optografía en humanos lo realizó el propio Kühne (hay que entender que entonces estaba crecidito) con el cadáver de un criminal que había sido guillotinado por matar a sus hijos. Por desgracia no ha quedado la imagen original de la optografía, sólo un dibujo a mano del propio científico. Algunos dijeron que se trataba de la imagen de la guillotina, pero el sentenciado a muerte llevaba una venda en los ojos en el momento de la ejecución.

Las premisas de la optografía se continuaron utilizando en algún que otro caso de asesinato, pero ahora se tomaba una fotografía del ojo de la víctima, sin ninguna disección. Debido a los resultados poco claros y concluyentes, al final terminó por caer en desuso. A día de hoy sólo se la considera como un absurdo método forense ya extinto.

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